Grandes personajes Jericoanos

Hector Abad Gomezij 300x242 Grandes personajes Jericoanos

Sinónimo del altruismo puro, con ideales sabiamente forjados en la lucha heroica por los derechos humanos. Nació en Jericó Antioquia, pueblo culto que tuvo el honroso privilegio de acogerlo en sus fértiles  montañas  el 2 de Diciembre de 1921. Hijo del Notario liberal Antonio Abad Mesa y Eva Gómez, padres tradicionalistas que consagraron su  familia a la buena costumbre antioqueña, abrigando a sus hijos con grandes valores y principios que desencadenarían luego en grandes maestros de generosidad y  filantropía  que por toda su vida  caracterizaron a este eminente personaje.

Don Héctor abad sufrió la furia irracional que despertaba por aquella época el bipartidismo. Los conservadores lo asecharon a él y a su familia, dado que su ideología liberal se consagraba en fundamentos completamente divergentes. La presión impuesta a los Abad los desterró de Jericó y con posterioridad de Sevilla Valle del cauca. Dichos acontecimientos crearon en Héctor una posición ética y moral en contra de las injusticias sociales y la violación de los derechos humanos, acciones de las que había sido víctima su familia.     Sus primeros años fueron entonces en  Sevilla, allí realizo sus estudios de secundaria. Luego, Se profesionalizó como investigador en Ciencias de la Salud, se graduó de médico en la Universidad de Antioquia, en 1947, y obtuvo en 1948 el máster en Salud Pública de la Universidad de Minnesota, Estados Unidos.

Desde joven se dedicó a la educación, prevención y atención primaria en salud, especialmente entre los sectores populares; sus opiniones en asuntos de Sanidad Pública fueron algunas veces integradas en los programas de gobierno.

Se desempeñó como secretario de Salud Pública de Antioquia, del municipio de Medellín, oficial médico de la Oficina Sanitaria Panamericana en Washington (1950), asesor de la Organización Mundial de la Salud para Perú, México, Cuba, Haití y República Dominicana (1954-1956) y de los Ministerios de Salud de Indonesia y Filipinas; diputado a la Asamblea de Antioquia y representante a la Cámara.

Héctor Abad  se destacó en cuatro temas principales: su labor profesional en el campo de la salud pública; sus esfuerzos en defensa de los derechos humanos; sus actividades políticas y su labor como pensador y escritor.

Realizó en Colombia importantes proyectos de salud: la implementación del año rural obligatorio para los médicos recién graduados; las promotoras rurales de salud; las primeras campañas masivas de vacunación antipoliomelítica, y la fundación de la Escuela Nacional de Salud Pública en Medellín en 1963, hoy Facultad Nacional de Salud Pública,  la cual lleva su nombre. Redactó numerosos artículos para periódicos y revistas, donde con argumentaciones brillantes sobre diferentes temas, llamó a la sensatez, a la democracia y  a la convivencia pacífica.

 Igual que su padre, constituyó una familia numerosa con Cecilia Faciolince; engendraron  5 hijas (Martha, Beatriz, Sol, Victoria y Clara) además de su único hijo varón Héctor, personaje predilecto y seguidor insaciable de las ideologías de su padre. La familia Abad Faciolince fue  distinguida y ejemplar, un hogar de clase media y liberal, donde los libros y los discos eran más importantes que los carros y las vajillas, una familia nuclear rodeada de tíos y tías que rezaban el rosario mañana, tarde y noche, una madre creyente y respetuosa de la Iglesia, pero también del espíritu librepensador y científico de su marido. Héctor era trascendente y firme en la expresión de sus convicciones y en el ejemplo por  su manera de vivir, amoroso a la hora de tratar a sus hijos y de corregirlos, no fue un padre santo pero fue un padre virtuoso e íntegro. No fue  autoritario, logro educar y formar a los suyos con sabiduría  afecto,  y  paciencia.

Su esposa lo apoyaba en todo con firmeza, le ayudaba a aguantar las persecuciones más injustas y le sugería estrategias diplomáticas de supervivencia y éste gran padre, motivaba a sus  hijos para que envejecieran  como él, gozando con la belleza del campo, con la compañía amena de los amigos, la buena música y los mejores libros.

Hector Abad Gomez Grandes personajes Jericoanos “un cristiano en religión, un marxista en economía y un liberal en política” así solía describirse Héctor Abad Gómez. Un hombre inclinado hacia la defensa y redención de la raza humana. Luchó contra las injusticias  de toda índole y defendió sin cesar el cumplimiento de los derechos humanos.

Tuvo que soportar  las repetitivas persecuciones  de los conservadores, quienes  lo consideraban un izquierdista nocivo para los alumnos; peligroso para la sociedad y demasiado librepensador en materia religiosa. Posteriormente el mercantilismo a finales de los 70 posesionaba a los izquierdistas en el trono del poder, y nuevamente Héctor tuvo que soportar burlas despiadadas y críticas incesantes, pues era considerado como un burgués tibio e incorregible ya que no estaba de acuerdo con la lucha armada.

Siempre detestó  el secuestro y los atentados terroristas contra inocentes. Sin embargo él veía más las atrocidades del estado que las de los enemigos  armados del gobierno. Solía explicarlo de un modo más o menos coherente: era más grave que un cura violara a un niño a que lo hiciera un depravado. Es la sal la que no se puede corromper. Y era precisamente Héctor Abad Gómez quien Hizo constantes denuncias, muchas de ellas con nombres y apellidos, sobre los atropellos cometidos por los funcionarios del estado y  los miembros de la fuerza pública contra ciudadanos indefensos. Lo hizo durante varios años, aunque a veces esa lucha no le parecía otra cosa que alaridos en el desierto.

Su credo liberal y tolerante admitía toda manifestación intelectual de los hombres, pero los hombres de aquella época  no comprendían ni su credo ni su tolerancia Y arremetían sin piedad contra su integridad, solían llamarlo Medico auxiliador de guerrilleros, falso demócrata, peligroso por simpatía popular;  pero sólo eran calificativos despectivos, producto de mentes agobiadas ante la superioridad de este personaje.

Pero Héctor nunca fue hombres de venganzas, él nunca fue  capaz de empuñar un fusil, ni de matar a alguien, por ninguna causa, ni  apoyaba con sus palabras a quienes lo empañaban  y prefería el método de Gandhi, la resistencia pacífica incluso hasta el supremo sacrificio de la vida.

Pero esa resistencia pacífica se interrumpía cuando ocurría alguna injusticia, en ese tema era más  radical, pues tenía como ideal una sociedad más justa, menos infame que la clasista y discriminadora sociedad colombiana. No predicaba una revolución violenta, pero si un cambio radical en las prioridades del estado, con la advertencia de que si no se les daba a todos los ciudadanos al menos la igualdad de oportunidades, además de condiciones mínimas de subsistencia  digna y cuanto antes, durante mucha más tiempo habríamos de sufrir violencia, delincuencia, surgimiento de bandas armadas y de furibundos grupos guerrilleros.

En 1987 es lanzado precandidato popular a la alcaldía de Medellín. Sin embargo el martes 25 de agosto en la noche, día en que daba  comienzo a su campaña, los violentos en medio de su arremetida contra la inteligencia, acabaron con la vida de Héctor Abad Gómez

Héctor Abad Gómez murió a los 66 años, en la época de mayor vitalidad, en la edad espiritual de la dedicación al servicio de la humanidad, de la fortaleza moral y de la plena convicción de sus ideales. Había militado en una corriente del liberalismo amplio, inclinado hacia la defensa y redención de la raza humana  y tanto por su formación científica, como por su profesión en la medicina y sus estudios humanísticos fue una figura nacional de indiscutibles relieves intelectuales.

Cayó abatido por las balas  de un par de sicarios en motocicleta, que lo esperaron en la puerta de la Asociación de Institutores de Antioquia, Adida, en pleno centro de Medellín, cuando asistía al velorio del líder del magisterio Luis Felipe Vélez.

El mismo Héctor mencionó alguna vez “Los problemas de salud pública en Colombia no son complicados si no claros. Su solución están en hacer lo que sabemos que hay que hacer .el pueblo colombiano necesita trabajo, agua , comida vivienda, servicios elementales de atención médica , servicios epidemiológicos, educación, concientización. En vez de esto, se le ha dado en general superstición, engaño, confusión, pasiones. No sabe por qué se enferma. No sabe por qué es pobre. Así se deja explotar. Es al mismo tiempo, ignorante, enfermo y supersticioso. Cree que las enfermedades y la miseria “vienen de Dios”

¿Quién hablará como él de la paz y la concordia, quién dirá nuestros deterioros? Era una conciencia moral en este país cruel y desgarrado.

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